Incienso Champa de la caja azul. Memorias de
una Gheisa. Brazos tendidos y piernas estiradas boca abajo. Entro en mi cueva.
Es un lugar frío cubierto de blanca escarcha. Hay estalactitas de gélido hielo
colgando del techo. El vaho sale de mi
boca con cada expiración. Busco mi animal. Hay un gato siamés blanco echado y
me mira fijamente. Escucho un ruido. Miro y te encuentro. ¿Cómo has llegado
hasta aquí? Estúpido farsante. Te grito que quiero que te vayas. Tu sonrisa se
congela ante mi pasmoso rostro. Aquí no hay sitio para los tres. El gato siamés
blanco se levanta dispuesto a irse. ¡No!, grito. El gato desaparece y nos
quedamos solos. ¿Por qué has venido?, digo desolada mientras de mi boca sale
vaho. Él sigue sonriendo callado. No tenías derecho. Has profanado un lugar
sagrado. Inspiro fuertemente y abro los ojos. La cueva ha desaparecido y en mi
retina se ha quedado grabada la imagen, en pause, de su sonrisa congelada.
Bienvenidos a esta humilde morada. Aquí encontrareis poesía, cuentos, citas, reflexiones y pensamientos de Teresa Lao y de otros autores, interesantes para la Maga. Adelante...te estábamos esperando...
martes, 4 de agosto de 2015
sábado, 18 de julio de 2015
DUELO
Aún escuece cuando te veo. Aún me afecta tu
sonrisa y tu mirada está anclada en mi recuerdo como ese musgo que se adhiere a
las rocas del mar. Aún pienso en ti antes de quedarme dormida y te cuelas en
mis sueños. Todavía, en mi fuero interno, pienso que por un azar vertiginoso de
la vida, por una pirueta de esas que te dejan con la boca abierta, tú seas para
mí para siempre. Aún lo creo. A pesar de todo.
Pero eso forma parte del duelo, las dudas
infinitas, el deseo estancado de tenerte a mi lado. Te irás de mi vida poco a
poco, como se fueron los demás, los que no eran para mí. Este duelo ya lo he
pasado otras veces pero duele como el primero. Duele que te vayas de mi vida,
que se me rompa el alma de saber que nunca más volveré a abrazarte.
Y un día, sin más, descubriré que tu viva
imagen no me sorprende en las tareas más anodinas, que ya no pienso en ti antes
de dormir, que ya no te cuelas en mis sueños, que ya no se me acelera el
corazón cuando te veo. Que ya no tiemblo cuando me parece ver tu figura y luego
me he equivocado de persona. Te irás de mi vida sin más. Desaparecerás sin
dejar rastro. En mi corazón no quedará ni ápice de tu mirada limpia, de tu
sonrisa congelada, de mis noches en vela.
Y me da pena dejarte ir de mi vida, me niego
a que te vayas, pero te irás y se secará el rocío con los primeros rayos del
sol. Y otro día vendrá con sus aromas nuevos, con sus dificultades y no estarás
en mi pensamiento.
Estarás lejos, muy lejos.
Desaparecerás irremisiblemente.
Pero ahora, por ahora, la marea y mañana,
mañana, el océano.
EL ETERNO RETORNO
No sé cuantas veces he cometido los mismos
errores. No lo puedo saber. Quizá nadie lo sepa. No llevo la cuenta de mis
errores y eso es lo peor de todo. Sí. Lo peor de todo. Porque olvidar un error
y perder la cuenta hace que los cometas una y mil veces. Así hasta la saciedad.
No sé cuantas veces he tropezado en la misma
piedra. No lo puedo saber aunque quiera.
Mi memoria de pez lo olvida. Y por esta razón da igual tener ocho años,
treinta y siete u ochenta y uno. Sigo sin aprender.
Alguien dirá (yo misma para darme ánimo en
mis horas bajas): Tienes intacta la inocencia. Empiezas de cero siempre. Las
heridas te sanan. Pero la otra yo me contesta: ¿Y qué? ¿Qué has ganado con eso?
Caer. Caer. Caer. Levantarte. Levantarte. Levantarte. Una y otra vez. Y me cansa.
Me cansa tanto. Quizá esa sea mi arma de defensa inconsciente. Para sobrevivir
olvido el dolor.
Pero ahora, ahora me estoy dando cuenta que
las heridas deben dejar cicatrices. Y las cicatrices sirven para no olvidar que
dolió y no volver a coger ese camino. Quizá en mi cuerpo no haya cicatrices
pero debo protegerme de nuevas heridas.
Ahora me estoy dando cuenta por qué Christina
Rosenvinge tituló uno de sus mejores discos “Cerrado”. Quiero estar cerrada.
Opaca. Impermeable. Como la Rosenvinge en su mejor disco. Llevo demasiado
tiempo siendo Sísifo, imaginando a Sísifo feliz subiendo esa pesada piedra
eternamente.
Quiero dejar de ir descalza por la vida y
aprender. Porque lo que es aprender he aprendido poco de los golpes. Y te puedo
asegurar que han dolido.
Y aunque mi admirado Chaplin dijese: “Me
encantan mis errores. No quiero renunciar al hecho de equivocarme.” Y mucho tiempo esa frase la he llevado por
bandera, ya no. Me he cansado. Lo siento, Charlot, pero ya no.
Si tuviera que pedir un deseo, ahora mismo,
pediría una buena memoria y tener todas esas cicatrices en mi cuerpo. Pero esta
noche no he visto ninguna estrella fugaz, ni adiviné dónde tenía la pestaña, ni
pude susurrarle a un molinillo mi deseo, ni estrené nada nuevo, ni era San
Juan, ni mi happy birthday.
martes, 2 de junio de 2015
AZAR E IMPERFECCIONES
Me da
miedo que un altavoz no esté bien anclado a la pared y se abata sobre mi
cabeza.
Me da
miedo cuando hay una concentración de
gente grande encima de un parking o de una terraza, por si no está
calculada la estructura para esa sobrecarga, o que, ni siquiera se calculase,
por ser muy antiguo.
Me da
miedo que se desprendan las cornisas por falta de adherencia, que las tejas no
soporten un día de fuerte viento, que un cristal caiga, por un azar
desconocido, dentro de mi bota y corte como un bisturí venas y arterias.
La
imperfección domina el mundo. Todo es falible. Los errores humanos unidos al
azar proliferan en un mundo imperfecto.
LA PRUEBA DE TYLER DURDEN
Durante
unos días Tyler Durden se ha metido en vuestras vidas y las ha anegado de sus
mordaces pensamientos. Se ha colado en la intimidad de vuestras casas.
Durante
unos días Tyler Durden ha dinamitado con polvo de hipoclorito vuestras vidas y
ha dejado una cicatriz en el dorso de vuestras manos que deja de doler sólo con
vinagre y, que empezó a doler con la saliva de los labios húmedos de Tyler.
Durante
unos días habéis sido el conductor biliar furioso de Jack, la sensación de
rechazo rabiosa e irritada de Jack, las tripas retorcidas y vacías de Jack.
Durante
algunos días mucha gente se habrá preguntado quien es Tyler Durden.
En
algún punto de este planeta que camina hacia la autodestrucción Tyler Durden y
Chuck Palahniuk se reirán.
LA MIRADA DE TYLER
Cuando
mi mejilla rozó la mejilla de Tyler me di cuenta que estaba mojada. Se me
quedaron restos de sal en la cara y me pregunté qué le haría tanto daño.
En la
ciudad del viento y el mar, siempre hay humedad en el ambiente, el mar está a
dos pasos y el viento juguetea con tu pelo.
La
mirada de Tyler es un acertijo y yo me pregunto si Tyler es consciente de ello.