sábado, 8 de agosto de 2015

FALLING IN LOVE



Querido Eduardo:

Me he enamorado. Sí. Así, de pronto. Lisboa es una ciudad fantástica que esconde un tesoro en cada esquina. Cómo no caer enamorada en Lisboa. He conocido a un montón de gente aquí pero nadie como él. Gracias por animarme a venir a Lisboa. Me encantaría que estuvieses aquí. La vista de los tejados de Lisboa es impresionante. Te deja con la boca abierta la puesta de sol en el estuario. Mi vida ha desembocado aquí, como el Tajo.  

Él se sentó a mi lado en el tranvía a pesar de que la mayoría de los asientos estaban libres. Todo fue más sencillo de lo que imaginaba. ¿Recuerdas cuando yo te decía que el amor sólo se presenta una vez en la vida? Y tú me asegurabas que no, que algún día, irremisiblemente, tendría que daros la razón a ti y a Lennon. Me alegro de tener que dárosla ahora.

Fuimos a ver las estrellas la noche de San Lorenzo. Tumbados sobre la hierba conté por lo menos diez estrellas fugaces, mientras él me hablaba de cosas que sonaban trascendentales. El universo, agujeros negros, viajes en el tiempo. Él no es como el resto. Me parece diferente. Me encanta su acento luso, sus manos grandes y fibrosas, de dedos delgados, y cómo se le anuda el pelo en la nuca cuando hace viento. 

Nunca creí que podría hablar tantas horas seguidas de libros con alguien.
Cuando llegó no me lo esperaba. Me pilló desprevenida. No hicieron falta ni flores, ni violines, ni perfumes caros. Sólo los tejados de Lisboa y un tranvía semivacío. Noto que le brillan los ojos cuando me mira. Yo lo observo embelesada cuando él no me  ve, cómo coge la cerveza y cómo suelta el humo muy despacio, mirando a un punto indefinido allá en el cielo.

Qué cosas tiene la vida ¿no? Encontrar el amor aquí, tan lejos de casa. Tenemos que hablar esto largo y tendido delante de unas cañas. Invito yo. Que el amor te hace más generoso, ilumina tu sonrisa y caminas levitando dos palmos del suelo. Espero ansiosamente tu visita. Creo que me quedo a vivir aquí.

 Un fuerte abrazo, Chuky ,-)


martes, 4 de agosto de 2015

LA ÚLTIMA LÁGRIMA



La última lágrima pasó desapercibida porque él iba con la atención puesta en el volante de un flamante y veloz Mercedes blanco. De sus labios brotaban las palabras certeras como dardos y directas a la diana del corazón. Era la última lágrima pero ella aún no lo sabía. Era consciente de que vendrían lágrimas pero por otros motivos diferentes y en otras circunstancias. Llorar en un Mercedes blanco tan pulcro rozaba la paradoja y rebajaba la ostentación, en aquel viaje en la oscuridad de la noche y con la luna cómodamente agazapada en el cielo.

Pensó que había llegado el momento de quitarse de encima el jersey de lana que llevaba en pleno agosto, aunque el aire acondicionado del Mercedes estuviese a 19 grados exactamente. Ese jersey la estaba asfixiando. Lo dudó pero llegó a la determinación de que prefería quitar el aire acondicionado y abrir la ventanilla para sentir el aire de la ciudad. Un aire renovado, no encapsulado. Sin el fastidioso jersey no era necesario el aire acondicionado. A veces las cosas son así de simples y nos negamos a verlas. La lógica aplastante se irguió por fin.

Mientras la aguja del cuentakilómetros marcaba los 50 kilómetros por hora, se quitó el jersey apagó el aire acondicionado y abrió hasta abajo del todo la ventanilla; todo en uno, sin vacilar, y en ese orden. Por fin respiró aliviada. Se había acabado la tortura. Con un poco de suerte esa noche dejaría de soñar con gusanos babeantes y asquerosos trepando por su piel.

MI CUEVA



Incienso Champa de la caja azul. Memorias de una Gheisa. Brazos tendidos y piernas estiradas boca abajo. Entro en mi cueva. Es un lugar frío cubierto de blanca escarcha. Hay estalactitas de gélido hielo colgando del techo. El  vaho sale de mi boca con cada expiración. Busco mi animal. Hay un gato siamés blanco echado y me mira fijamente. Escucho un ruido. Miro y te encuentro. ¿Cómo has llegado hasta aquí? Estúpido farsante. Te grito que quiero que te vayas. Tu sonrisa se congela ante mi pasmoso rostro. Aquí no hay sitio para los tres. El gato siamés blanco se levanta dispuesto a irse. ¡No!, grito. El gato desaparece y nos quedamos solos. ¿Por qué has venido?, digo desolada mientras de mi boca sale vaho. Él sigue sonriendo callado. No tenías derecho. Has profanado un lugar sagrado. Inspiro fuertemente y abro los ojos. La cueva ha desaparecido y en mi retina se ha quedado grabada la imagen, en pause, de su sonrisa congelada.

sábado, 18 de julio de 2015

DUELO



Aún escuece cuando te veo. Aún me afecta tu sonrisa y tu mirada está anclada en mi recuerdo como ese musgo que se adhiere a las rocas del mar. Aún pienso en ti antes de quedarme dormida y te cuelas en mis sueños. Todavía, en mi fuero interno, pienso que por un azar vertiginoso de la vida, por una pirueta de esas que te dejan con la boca abierta, tú seas para mí para siempre. Aún lo creo. A pesar de todo.
Pero eso forma parte del duelo, las dudas infinitas, el deseo estancado de tenerte a mi lado. Te irás de mi vida poco a poco, como se fueron los demás, los que no eran para mí. Este duelo ya lo he pasado otras veces pero duele como el primero. Duele que te vayas de mi vida, que se me rompa el alma de saber que nunca más volveré a abrazarte.
Y un día, sin más, descubriré que tu viva imagen no me sorprende en las tareas más anodinas, que ya no pienso en ti antes de dormir, que ya no te cuelas en mis sueños, que ya no se me acelera el corazón cuando te veo. Que ya no tiemblo cuando me parece ver tu figura y luego me he equivocado de persona. Te irás de mi vida sin más. Desaparecerás sin dejar rastro. En mi corazón no quedará ni ápice de tu mirada limpia, de tu sonrisa congelada, de mis noches en vela.
Y me da pena dejarte ir de mi vida, me niego a que te vayas, pero te irás y se secará el rocío con los primeros rayos del sol. Y otro día vendrá con sus aromas nuevos, con sus dificultades y no estarás en mi pensamiento.
Estarás lejos, muy lejos.
Desaparecerás irremisiblemente.
Pero ahora, por ahora, la marea y mañana, mañana, el océano.

EL ETERNO RETORNO



No sé cuantas veces he cometido los mismos errores. No lo puedo saber. Quizá nadie lo sepa. No llevo la cuenta de mis errores y eso es lo peor de todo. Sí. Lo peor de todo. Porque olvidar un error y perder la cuenta hace que los cometas una y mil veces. Así hasta la saciedad.
No sé cuantas veces he tropezado en la misma piedra. No lo puedo saber aunque quiera.  Mi memoria de pez lo olvida. Y por esta razón da igual tener ocho años, treinta y siete u ochenta y uno. Sigo sin aprender.
Alguien dirá (yo misma para darme ánimo en mis horas bajas): Tienes intacta la inocencia. Empiezas de cero siempre. Las heridas te sanan. Pero la otra yo me contesta: ¿Y qué? ¿Qué has ganado con eso? Caer. Caer. Caer. Levantarte. Levantarte. Levantarte. Una y otra vez. Y me cansa. Me cansa tanto. Quizá esa sea mi arma de defensa inconsciente. Para sobrevivir olvido el dolor. 
Pero ahora, ahora me estoy dando cuenta que las heridas deben dejar cicatrices. Y las cicatrices sirven para no olvidar que dolió y no volver a coger ese camino. Quizá en mi cuerpo no haya cicatrices pero debo protegerme de nuevas heridas.
Ahora me estoy dando cuenta por qué Christina Rosenvinge tituló uno de sus mejores discos “Cerrado”. Quiero estar cerrada. Opaca. Impermeable. Como la Rosenvinge en su mejor disco. Llevo demasiado tiempo siendo Sísifo, imaginando a Sísifo feliz subiendo esa pesada piedra eternamente.
Quiero dejar de ir descalza por la vida y aprender. Porque lo que es aprender he aprendido poco de los golpes. Y te puedo asegurar que han dolido.
Y aunque mi admirado Chaplin dijese: “Me encantan mis errores. No quiero renunciar al hecho de equivocarme.” Y  mucho tiempo esa frase la he llevado por bandera, ya no. Me he cansado. Lo siento, Charlot, pero ya no.
Si tuviera que pedir un deseo, ahora mismo, pediría una buena memoria y tener todas esas cicatrices en mi cuerpo. Pero esta noche no he visto ninguna estrella fugaz, ni adiviné dónde tenía la pestaña, ni pude susurrarle a un molinillo mi deseo, ni estrené nada nuevo, ni era San Juan, ni mi happy birthday.