viernes, 11 de diciembre de 2015

MI NUEVA PIEL



He mudado la piel como las serpientes.
Antes era un gusano,
ahora soy una mariposa
surcando el cielo libre.
He dejado atrás millones de células muertas,
He renacido por séptima vez.
Ahora más que nunca.
Me alegro de tener una historia que contar.
Todos estamos hechos de infinitas historias.
Soy un lagarto,
una libélula,
un ciempiés
y un felino.
He mudado la piel,
y tengo un cuerpo nuevo,
una mente nueva,
un corazón nuevo
y me han crecido alas.
No lo creeréis
pero siento que he vuelto a nacer,
por séptima vez.

ULISES

"Martina...Martina...he cruzado todos los oceános del mundo para saber que no puedo vivir sin ti"
Ulises

03112015

"Todos vivimos en las alcantarillas, pero algunos miramos a las estrellas"
Oscar Wilde

PUNTOS SUSPENSIVOS



“Vivo colgado en puntos suspensivos” V.M.

Delante, sólo puntos suspensivos. Detrás paréntesis y puntos y aparte. Y borrones, muchos borrones. Los lápices de la vida tienen poca goma en la punta para la cantidad de errores que se cometen. Quien los diseñó los diseñó mal. Lo siento, pero tengo que decirlo…

Delante la niebla, el océano, los precipicios. Ya es un clásico. Caminar con una venda en los ojos. Los puzles se componen al mirar atrás. Hacia delante intuición, instinto y corazonadas. Para este viaje esas son las alforjas que necesitas…

Detrás, ladrillos, Sísifo subiendo montañas empujando una gran piedra, pilas de libros, verdades a medias, perros ladrando, letras y números, cartas sin destinatario, una historia escrita con zumo de limón… prosemas o menos.

Delante, un asteroide con cien puestas de sol al día, boas constrictor y rosas orgullosas de sus espinas, polillas y luciérnagas… que te voy a contar que tú no sepas.  La historia que se repite. Puntos suspensivos…

IMPROBABLE



¿Qué esperas? ¿eh? ¿dime qué esperas? ¿carrozas de plata? ¿lunas llenas durante 28 días? ¿caricias a media luz? ¿noches infinitas de dos noctámbulos empedernidos? ¿locuras en un mundo enfermo de cordura? ¿compartir las migajas? ¿construir juntos un mundo mejor?

¿Qué esperas? ¿eh? ¿labrar campos yermos? ¿quitarle al tiempo los segundos? ¿desabrochar lentamente los botones? ¿mirarlo y darle gracias al cielo? ¿bucear en sus pupilas? ¿confidencias a altas horas de la madrugada? ¿esperas que te vacíe el pasado? ¿que te colme el presente? ¿que ansíes un futuro a su lado? ¿que enjuague tus lágrimas? ¿apoyar la cabeza en su hombro? ¿aprender de él cada día algo nuevo? ¿descubrir un caleidoscopio de emociones que te embargan? ¿sentir que todo tiene sentido a su lado? ¿que elimine de tu vocabulario la palabra imposible?

¿Hoy cocino yo? ¿cómo te ha ido? ¿te recojo a las 7?

Lo que esperas tiene al menos una palabra que lo define: IMPROBABLE

PROEZAS



Decía Hermann Hesse que hay cosas que todos hacen y yo soy incapaz de hacer pero que también hay cosas que sólo yo puedo hacer y nadie más es capaz de hacer. Del premio Nobel alemán me acuerdo cuando voy en un coche y todo va tan rodado, tan semáforos en verde, deslizándote como por un tobogán, cogiendo las curvas sin moverse un pelo de mi flequillo, tomando las rotondas con la fuerza centrífuga que nos quiere lanzar hacia fuera manteniendo la inercia, calculando la distancia con el de delante, pasando a veinte centímetros del de atrás.

Siempre, siempre tengo la misma sensación: que el conductor es un equilibrista del circo de sol, que hace unas proezas con sus manos y pies para mí inimaginables ni de lejos, que maneja otros sentidos de los que yo carezco, que sus cualidades son vedadas para mí, que es un superhéroe de la Marvel, que, cómo no, tiene super poderes y que yo solamente soy una vulgar mortal sin poderes, con los sentidos atrofiados y que la luna que miro en el cielo ,mientras tomamos la curva, saldrá sin mi permiso.

lunes, 7 de septiembre de 2015

LA TRAMPA DE LAS CONJUNCIONES



Si cogemos una conjunción copulativa y la unimos a una subordinada condicional obtenemos un lugar común por el que hemos transitado todos antes o después. Nos ha producido un dolor de cabeza perentorio que ni con ibuprofeno y una desazón latente que ni con prozac. Me refiero al espeluznante “y si”. Amigo íntimo en todas nuestras catástrofes vitales.

Están los “y si” temporales. “Y si me hubiese levantado cinco minutos antes” o el contrario “y si me hubiera demorado a comprar el periódico”. O el que en el último momento pierde ese   avión que nunca llega a su destino. El “y si hubiera torcido en aquella calle en lugar de tomar la avenida, ¿me lo hubiera encontrado?”. “Y si hubiera llevado el cinturón de seguridad” o “y si me hubiera apeado tres paradas antes”

Luego están los “y si” sentimentales. “Y si no le hubiera dicho aquello”. “Y si la hubiera llamado”. “Y si nos hubiésemos quedado solos”. “Y si le hubiera pedido tiempo”. “Y si hubiera salido corriendo”. “Y si la hubiera esperado”. “Y si no hubiese sido tan exigente”

Y es que los estragos tienen su momento justo, ni antes ni después. Hay un “y si” para cada desastre emocional. Un “y si” que nos adentra en un laberinto lleno de trampas, de posibles caminos no tomados que nos retuercen por dentro. La casualidad teje telas de araña que están más allá de nuestro razonamiento. Están los que creen en el destino y los que crean su propio destino. 

Vivir en el “y si” es vivir en el desasosiego y en la culpa, para nada saludables. Las cosas suceden y punto. Tomamos nota, aprendemos y continuamos. No es bueno demorarse en el “y si”. A cada paso, por trivial que sea, se bifurcan los caminos. Cada día tomamos cientos de minúsculas decisiones que definen nuestro presente y futuro y preguntarse “y si” es como preguntarse por qué sopla el viento, por qué erupcionan los volcanes o por qué esa tormenta en verano.