martes, 12 de abril de 2016

GENERACIÓN CERO PUNTO CERO



Somos jóvenes y creo que es la única fortuna con la que contamos. Sobradamente preparados, con carreras, con idiomas, con masters  y con cero oportunidades en un país demolido. Tengo amigos de veinti pocos a cuarenta  que aún viven con sus padres, que ya no se atreven a soñar con independizarse y tener un modesto pisito, un coche que no se caliente o un norte al que dirigir sus pasos. Nos han robado ese sueño. Es apuntar demasiado alto. Un sueño digno de nuestros padres  quizás, de otras épocas más esplendorosas, de los jóvenes de otros países. Nosotros soñamos con SOBREVIVIR. Con tener un minijob que te dé para unas cañas con los amigos y algo de calderilla en el bolsillo. “Lo comido por lo servido”. “Pan pa hoy y hambre pa mañana”. 

Somos la generación X, la generación perdida. La generación cero punto cero. Buscamos trabajos por internet y redes sociales, algo que nos hace diferentes al resto de generaciones. Tenemos instagram, facebook, twiter pero no tenemos un trabajo digno. Nuestros sueños zozobraron y hablar de futuro es hablar de algo que tira al azul oscuro casi negro. Los valientes se han exiliado, el resto seguimos luchando aquí, en un país arrasado.

Nos vendieron la moto. “Si eres bueno, si estudias, tendrás un futuro prometedor” MENTIRA. Nos vendieron sueños a precio de saldo y nos lo creímos. Al final va a ser cierto lo que dice Mark Renton en su demoledor monólogo al principio de Trainspoting. 

Somos refugiados del expolio  que se ha hecho en esta España, mi querida España, como decía Cecilia, “pueblo de palabra y de piel amarga, dulce tu promesa”. Refugiados en casa de nuestros padres  que nos dan  un plato de comida y una cama y a ver quién aspira a más, tal como está el patio. Eso es, sin duda, lo peor, haber renunciado a nuestros sueños, vivir en la desesperanza, caminar sin meta ni destino, con la desazón de que el suelo que pisamos está sembrado de minas antipersona. 

Y yo me pregunto: ¿Con que cara le vendemos a nuestros hijos, nietos, sobrinos, a las nuevas generaciones, el sueño que nos vendieron a nosotros? ¿Con que cara le decimos: “estudia y lábrate un porvenir. Sé bueno. Haz todo cuanto te digan tus mayores” Con que cara aleccionamos y con que ejemplo predicamos.

NAVES ARDIENDO MÁS ALLÁ DE ORIÓN



He visto cosas que no podríais imaginar.
He visto naves ardiendo más allá de Orión.
He visto dos lunas en el cielo,
me he sentido de Marte un millón de veces,
he estado a años luz de hombres que distaban de mí un palmo,
he navegado sin brújula, sin rumbo y sin mapa,
y aún así, mis pasos me han dirigido al norte.
He caminado sobre lagos helados
y me he visto reflejada cien veces en las mismas pupilas.

He visto cosas que no imaginaríais.
Luchas eternas alrededor de lo vacuo,
hombres poderosos suplicando de rodillas,
mendigos siendo reyes por un día,
esclavos vendidos por un puñado de monedas.
He regresado a Ítaca cada atardecer
y Telémaco ya era todo un hombre.
He luchado por lo que más quería,
he muerto y he resucitado con cada luna nueva.
El mundo me ha dado la espalda como a una leprosa
y, sin embargo, la primavera siempre ha llegado.

He visto naves ardiendo más allá de Orión.
Si os contara lo que he visto, de veras que no me creeríais.

EL ENGRANAJE



El mundo se mueve a 365 revoluciones por año. La Tierra gira cada día alrededor de su propio eje. El sol sale y se pone cada 24 horas. Hay alguien detrás de cada gesto cotidiano, detrás de cada ínfimo movimiento de tus músculos. Hay un camarero que te pone la cerveza, un basurero que recoge tus desechos, alguien da órdenes a una máquina que tricota el abrigo que llevas puesto, el vaso donde mojas tus labios ha sido fabricado por alguien. Alguien que piensa, como tú, que siente, que ríe y llora, con tragedias y alegrías en su vida. Alguien como tú. Con dos ojos, una nariz, dos brazos, un hígado y dos pulmones. 

Entre una puesta de sol y otra todo se mueve a velocidad de vértigo. El mundo lo mueven las manos de otros. Eso pesa. Pesa demasiado sobre nuestras conciencias. Este es el sistema. Te guste o no. No hay donde elegir. El mundo que te rodea, que tocas y hueles, está fabricado por manos de obreros. Pero esas manos no saben cuanto poder tendrían si se juntasen, sólo con atisbar que el engranaje de esta máquina, de este sistema, se iría al traste con sólo dejar de mover un dedo.

Y me pregunto qué pieza de este complejo engranaje soy yo, que máquina hago funcionar. A lo mejor mi sitio en el mundo es ordenar palabras en mi cabeza, lanzarlas sobre los que mueven el engranaje y encender una luz dentro de ellos. Sería bonito ser luciérnaga en mitad del bosque o faro en mitad del océano.

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR



El síndrome del impostor lo sufrimos muchos en silencio. Porque el silencio es nuestro cómplice para los que padecemos esta lacra. Si echamos en una cazuela altas dosis de autocrítica, una cucharada sopera de perfeccionismo, una pizca de baja autoestima y lo aderezamos con una baja valoración de los éxitos obtenidos en tu vida, cocinándolo a fuego lento todo junto, el resultado es una comida nada apetecible: un síndrome del impostor como un piano de cola. 

Lo padece gente cuyos éxitos son notables, como Eva Amaral o Kate Winslet, conocidas en medio mundo y de las que nadie dudaría de su exitosa y admirable carrera profesional. Pero también lo sufren gente anónima todos los días. Casi 3 de cada 5. Moco de pavo. Pero no se rompe el silencio. El silencio es el arma poderosa  del síndrome del impostor. Nadie abre la boca para decir: “Soy un fraude y tarde o temprano alguien me desenmascará”

Este síndrome se descubrió en los años 70 en mujeres ejecutivas y con carreras muy exitosas. Se da más en mujeres que en hombres, causa por la que yo creo que no hay muchas mujeres en puestos de responsabilidad y liderazgo. Porque ellas mismas no creen que sean tan válidas como los hombres para estos puestos, no porque no lo sean. 

Así que, si algún día me libero de este síndrome del impostor (que más bien se debería llamar “síndrome de la impostora” pero a estas alturas ya todos sabemos  que el lenguaje es machista) os diré como lo he conseguido, aunque intuyo que esa sombra me acompañará toda la vida.

miércoles, 16 de marzo de 2016

LA MESA LACK



En la nueva publicidad de Ikea dicen que los muebles de Ikea te pueden cambiar la vida. No exageran. Lo juro. Llegó la mesa Lack. Blanca impoluta. Ligera y práctica. Con los tornillos justos. Ni uno más ni uno menos. Y a sólo unas horas de llegar la mesa llegó el amor a mi vida. Y la esperanza. Y la ilusión. Y un día después de la mesa Lack llegó algo que suena a un trabajo. De esos que te ocupan la vida y te abren infinitas posibilidades delante de ti. De esos que pagan la factura del teléfono. 

Los suecos saben lo que se hacen con eso de cumplir lo que dice la publicidad. Todo en uno. Llega la mesa y pone las patas que le faltaban a mi vida. Blancas. Ligeras. Sujetas fuertemente con tornillos a mi existencia. Y, aunque la mesa envejecerá como yo, y su blancura destilará a pajizo y mis sueños ya serán otros cuando cumplamos años juntas, desde que la tengo paso más horas en el salón. Y no paro de mirarla y pensar: “cómo se las gastan estos suecos”.