sábado, 17 de diciembre de 2016

MI ALMA PERDIDA

“Te daré mi corazón,
te daré mi vida,
te daré mi alma perdida”
Amaral

MI ALMA PERDIDA

Dame una razón más,
tengo millones,
y me hace falta sólo una más
para saber que eres tú.
Nadie más.
Sólo tú.
El que llevo universos esperando.

Te daré mi alma perdida,
el sol no volverá a ponerse en mi reino,
te enseñaré lugares escondidos
que sólo yo conozco.
Tendremos cien puestas de sol al día,
desde mi asteroide particular.
Te entregaré lo que no he enseñado a nadie,
lo que llevo siglos atesorando aquí dentro.

Te daré mi alma perdida,
descifraré tus sueños.
Cada día regresaré de países lejanos
y te colmaré de tesoros, almizcle e incienso.
Te traeré olores a desierto y sal,
que nos transportarán a otras vidas
cuando nos cansemos de las nuestras.
Llevo muchas vidas esperándote
sentada en una silla frente al mar.

Te daré mi alma perdida,
la que extravié mientras vivía,
la que tú encontraste en mitad de la niebla.
Cuando respires o estés dormido
recuérdalo.  

Te daré lo que soy,
te daré lo que tengo,
tú sólo dame una razón más,
una de las mil que tengo

y tendrás mi alma perdida. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

CANSADA

Me cansé de mirarte.
Esta noche, de repente, me di cuenta.
Te miré y me di cuenta que dejaste de ser el centro,
que ya no me ruborizaba cuando me rozabas,
que ya no me imaginaba surcando mares contigo,
que prefería la soledad de mi cama.

Me harté de que siempre salieras ganando.
Me cansé de tus malas noticias.
Me cansé de tu cansancio.
Me cansé de tus repuestas.
Creo que me cansé,
de que no sepas salir perdiendo,
de tus huesos,
de tus eternos peros.

Te miré y me di cuenta,
fue como un flash,
como una revelación,
como una bofetada que te suelta la realidad.

Me cansé de tus ojos,
me cansé de tus labios,
me cansé de tus lentas pisadas.
Hasta me cansé de tu sonrisa.
Tus manos no coincidían con las de antes.

Te miré y me di cuenta,
de repente,
de que estaba cansada,

muy cansada.

PREGÚNTALE AL MAR

“Sellarán pasaportes,
devolverán preguntas.

¿Cuál fue nuestra guerra?
¿A cuántos pudimos salvar?
¿A quién debimos echar de menos un domingo por la tarde?”
EL SINDICATO DE LA DUDA. Guille Galván

PREGÚNTALE AL MAR

Voy en busca del mar,
voy en busca de un rayo de sol,
voy en busca del horizonte,
de cómo se pierde la línea del horizonte en el infinito.

Voy en busca de mirar más allá.
Voy en busca de que el mar me lama los pies.
Voy en busca de renacer,
de empezar de nuevo.

Voy en busca de las respuestas que esconde el mar.
Le pregunté al mar y él respondió:

-Perdónale. 

domingo, 4 de diciembre de 2016

KUTRE

Formábamos parte de algo grande. Algo más grande que nosotros mismos. Algo que nos sobrepasaba. Creo que todos sentíamos algo parecido y difícil de explicar. Una especie de comunión colectiva. Ese lugar nos unía y, a su manera, nos cobijaba; de un mundo hostil, de las adversidades diarias, de las contradicciones propias y ajenas, del mal de altura, de los monstruos de nuestra infancia, de los que hacían negocio con nuestro pan.

Fuera llovía fuerte pero allí estábamos a salvo; de los días inciertos, del frío y la demencia senil de un mundo perverso, de la apatía y las manchas de la responsabilidad. Buscábamos ser parte de algo más grande que nosotros mismos. Sobrepasar los límites de la incertidumbre, construir puentes y destruir fronteras.

Buscábamos pertenecer a algo grande y olvidar lo pequeños que somos. Cooperábamos en construir algo hermoso. Una torre que alcanzase el cielo. Una torre de comprensión donde todos aportábamos nuestro grano de arena. Juntos éramos invencibles. Aquella fortaleza era infranqueable. Con sólo cruzar el umbral el cansancio desaparecía y volvía el brillo a nuestros ojos.

Si te digo la verdad creo que sólo buscábamos ser felices; sin prisas, sin corsés, sin prótesis.

Si te digo la verdad creo que todos sentíamos algo parecido y que lo que queríamos era formar parte de algo más grande que nosotros mismos. 

DÍA 3

Dos cafés con leche. Uno detrás del otro. Eso era todo lo que había en mi estómago hasta las 5 de la tarde. Recuerdo que era día 3. Esos días en que todo está de mi parte o a la contra. Sin término medio. Quizá todo lo que pasaba eran profecías autocumplidas de lo que yo escribía. Recuerdo el mar y Eva Amaral cantando “Déjame vivir a mi manera”.

Recuerdo que era día 3 y que metí las lentejas en el microondas a las 4 de la tarde. Recuerdo que lo intenté y que, cuando ya no pude hacer nada más, me metí en la cama para que Eva Amaral me cantase “Déjame vivir a mi manera”. Recuerdo los ruidos que llegaban a la cama por la puerta abierta del dormitorio y las lentejas olvidadas dentro del  microondas.

Recuerdo que era día 3, que Eva Amaral cantaba “Déjame vivir a mi manera”, que se me olvidaron las lentejas en el microondas y que la cama era mi refugio.


Ya no recuerdo nada más. 

LA DECEPCIÓN

La decepción me sabe amarga, como una tarde de domingo. Me recuerda las cicatrices, los anhelos y las despedidas. Me huele a página en blanco, a flores de cementerio, a colirio de ojos. Me sabe a estupidez y a derrota. Me huele a pegamento del barato, del que lo pega todo y luego no pega nada. Me desalienta, me hunde, me embriaga como un perfume barato. Como el perfume barato que uso. Me recuerda los días de viento. Me sabe a pasado negro y a futuro vacío. Me entristece. Me fustiga. Me amarga. Me mancha. Me hiere. Me mata lentamente. Acaba con mi más preciado tesoro, mi sonrisa. Me llena de desasosiego. Me hace planteármelo todo desde una perspectiva perversa. Me vacía de ilusión. Me ennegrece. Me detiene en la frontera. Es más, hace que piense que hay una frontera. Me sabe a agua salada. Me hace olvidar la magia que sé que existe y que tantas veces he tocado con la punta de los dedos. Me lastima. Me pulveriza. Me convierte en ceniza. Me hace callar. Me habla en susurros. Se me mete dentro con la intención de destruirlo todo. Me coloniza como un monstruo que duerme en mí y cobra vida. Me maltrata y me araña. Y todo porque yo la dejo entrar. No sé por dónde se mete pero se mete muy adentro, en mis entrañas. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

" Nadie lo sabe
nadie
ni el río
ni la calle
ni el tiempo..."

Mario Benedetti