lunes, 16 de marzo de 2020

LA VIDA DE LO EFÍMERO


El mar se recorta en el horizonte.
Tu recuerdo me envuelve
como una manta de terciopelo.

Las montañas se recortan en el horizonte.
Todos los semáforos en verde.
La belleza me retiene en la frontera.

Las nubes se recortan en el horizonte.
Me pregunto cuánto tardarán en desaparecer.

Cuando la vida de lo efímero viaja en autobús
y la retina graba paisajes imposibles.
La belleza es una con muchas formas.

CRUCE DE MIRADAS



Te miro
pero tú no me miras.
No puedo saber
si me miras
cuando yo no te miro.

Conjeturo que no.
Que mi opacidad de carne
se vuelve para ti
lisa y llanamente transparente.

Tu mirada se pierde
en la lejanía del horizonte
como en la niebla
de los bosques de Irati.

Me gustaría saber
qué piensas
cuando miras más allá de mí,
cuando no me ves.

Me gustaría no mirarte
y que tú me miraras.

Pero nuestras miradas
nunca se encuentran.
Como dos barcos
en distintas direcciones
no se cruzan en el océano.

Como dos aeronaves
que surcan el cielo
de distintos países
nunca van a rozarse.

Trazamos dos líneas paralelas
en el horizonte.
Dos rayas en el mar
que nunca convergen.

Trazamos movimientos brownianos
como dos moscas en el aire
que acaban estrellándose contra el cristal.

Y los días de lluvia
escribo con resignación
en el vaho de la ventana:
“Me gustaría no detenerme en la frontera”

OJOS VERDE MARIHUANA


Él miraba al infinito
con ojos de marihuana
o miraba la marihuana
con ojos de infinito.

En cada uno de sus desdenes
había una mina antipersona
que me mutilaba.

En cada una de sus fracturas
había un rechazo
que me sabía
al primer rechazo.

La casa olía a marihuana,
huesos rotos
y desdén.

Yo buceaba en la profundidad
y todos mis monstruos
salían a la superficie
cuando él me miraba
con sus ojos verde marihuana.

martes, 10 de marzo de 2020

APENAS UN 3%


Esta mañana me he despertado de una sacudida y lo he visto todo claro. He cogido al toro por los cuernos o la vida por las solapas, que diría Juan Manuel Gil. Antes de ir al baño, antes de hacer el café, con las arrugas de las sábanas aún tatuadas en el cuerpo y los ojos soñolientos me he ido directa a coger la calculadora. Sí. La calculadora, una hoja y un lápiz. He calculado exhaustivamente mi sufrimiento. Las matemáticas son la panacea. Me fascinan. Están en todas las parcelas de nuestra vida, incluso en las que cuesta calibrar con cifras. Me he puesto manos a la obra. Unos logaritmos y unos sistemas de ecuaciones de primer grado y me ha salido la irrisoria cuantía de un 2,97% . De sufrimiento, claro. Dolor hay más. Pero como dice Eckhart Tolle el dolor es inevitable pero el sufrimiento es una elección. El dolor no me he atrevido a calcularlo. No lo he visto relevante. 

La semana pasada vi en una película como Natalie Portman con 13 años, después de pegarle su padre una paliza y aún con el labio sangrando le preguntaba a su vecino que subía por las escaleras y le ofrecía un pañuelo para limpiarse la sangre: - ¿La vida es así de dura sólo de pequeña o toda la vida?. A lo que León el profesional le respondía con total sinceridad: - Toda la vida.

El mes pasado me compré un bote de plástico grande y lo bauticé como “El bote de la felicidad” Me he propuesto ir apuntando mis momentos de felicidad y meterlos en el bote. Lo he puesto en un lugar visible y privilegiado del salón para que, cuando me siente en mi sofá a contemplar la noche después de un duro día de trabajo, presencie cómo van rebosando y multiplicándose mis instantes de felicidad.  

Todos sufrimos. Aunque no todos por las mismas cosas. La enfermedad. La muerte. El desamor. El dinero. Problemas, problemas y más problemas. Salen de debajo de las piedras. Ponte a hablar con cualquiera. Yo quería cuantificar en números mi sufrimiento y lo he conseguido después de unas simples operaciones. Un ínfimo 3%. Ya ves tú. Eso no es nada, cariño, me he dicho. 

Aún doy un respingo cuando escucho la voz de Moma al otro lado de la línea. Aún me produce una cosquilla en el alma componer un poema o sonrío cuando lo escucho silbar un viejo tema de Jazz. Aún hay vida más allá de ese 3%. Aún quedan coronitas, amigos, alegría, arte, música y crema catalana para llenar ese 97% restante. Aún podemos seguir danzando antes de que deje de tocar la orquesta. Y aunque algún instrumento desafine, aunque no podamos eliminar la incertidumbre de nuestras vidas, aunque llorar a veces sea el único consuelo se puede convivir con ese 3% de aflicción. Eso si no me he equivocado en los cálculos, claro. Esta mañana me caía del sueño.

LABERINTOS


“¿Dónde está el amor?”
Amaral

LABERINTOS
Desperté y me sentí Teseo.
No podía encontrar la salida del laberinto.
Ariadna se había quedado dormida.
Me pregunté si el Minotauro estaría también dormido.

Todos habíamos olvidado de dónde veníamos.
El Minotauro.
Teseo.
Ariadna
y yo.

Desperté y no estaba en casa.
Olía a jazmín, zumo de naranja y vodka.
Ariadna estaba convaleciente.
La noche anterior fue larga.
El Minotauro era un adonis.
En realidad yo no quería salir del laberinto.
Quería morir entre sus fauces.

Pensé que quizás el laberinto estaba dentro.
Que para encontrar la salida
tenía que dejar de  mirar fuera.

-¿Dónde está el amor?
Gritó Ariadna en sueños.
Quizás yo fuese todo a la vez.
Teseo,
Ariadna,
el Minotauro
y el laberinto.

Quizás fuese yo la ofrenda a los dioses
y mi sacrificio salvaría a Teseo.
Ariadna no despertaba.
Las fauces del Minotauro me esperaban.

El laberinto estaba dentro.
El Minotauro estaba dentro.
Yo lo había devorado.
Cuando me desperté supe
que el laberinto no desaparecería nunca.

jueves, 13 de febrero de 2020

NUESTROS MIEDOS

El miedo campa a sus anchas en la casa.
Cuándo te miro veo miedo.
Cuándo me miras tiemblo de miedo.

El miedo nos paraliza.
Tú miedo y el mío son muy fuertes juntos.
Más fuertes que nosotros dos por nuestro lado.

Nosotros ya hemos perdido todas las batallas.
El miedo venció.