sábado, 15 de septiembre de 2018

YO ROBOT


“Tú que sabrás
si no vives dentro de esta jaula”
Izal

YO ROBOT

Yo robot,
con lágrimas artificiales y labios agrietados,
con poliuretano en vez de piel.
Todo cables, microchips,
policloruro de vinilo y acero inoxidable.

Yo robot,
impasible,
que no besa el suelo,
que no come tierra,
que no siente el corazón en la boca,
que nunca ha caído a un pozo.
que no sangra.

Yo robot,
perdiéndose el éxtasis de una noche estrellada,
que no puede emocionarse con unas palabras.
Que no puede acariciar, besar, abrazar,
hundir la cara en tu pecho.

Yo robot,
que no se enfada,
que no se hastía,
que no le duele,
que lo soporta,
que lo controla.
sin la punzada  en el esternón,
sin el nudo en la garganta.

Yo robot,
que no usa colirio,
que no maquilla la realidad,
que no padece claustrofobia
ni es hipocondriaco.

Yo robot,
que no desea,
que no ama,
que no odia,
que no siente asco ni fatiga,
que no detesta nada.

Yo robot,
sin la bendita serotonina,
sin oxitocina,
sin el molesto cortisol.

Yo robot.
Lo confieso.
Siempre soñé con ser humano.

LA DECISIÓN


A veces para tomar una decisión me gustaría meterme en el fondo de un pozo muy estrecho y muy hondo.  Muy alejado de la realidad. Donde no haya luz ni nadie con quien hablar. Sólo tú y la oscuridad permanente. Muy abajo. En los confines del mundo.

A veces aunque no te muevas y no te inmiscuyas en nada el mundo viene y te zarandea o te da una bofetada. Aunque no te metas con nadie. Aunque no busques a nadie ni construyas nada con tus manos. Aunque contengas la respiración y no salgas a la calle o parezca que la Tierra te ha tragado.

Ushikawa conoce donde vives. Él tiene la llave de tu casa y puede entrar sin previo aviso y alimentar a tu gato. Te hará una oferta que muchos no podrían rechazar. Te hablará despacio y te engatusará. Pero Ushikawa huele mal y pega a su hija. No es un hombre de fiar pero eso nadie te lo ha contado. Sólo te llega el tufo a sudor mientras él se seca con el pañuelo la frente. Tú quieres rechazar la oferta porque  detestas mirar a ese hombre pero el mundo entero no lo entendería y no puedes vivir eternamente en el fondo de un pozo.

Cuando despiertas por la mañana sabes que él se ha ido y que podría volver. Intentas hacer todas las cosas que hay que hacer. Asearte bien. Hacer café. Alimentar al gato. Cocinar algo. Recuerdas el sueño turbio de la noche anterior. Tú en la casa de los vecinos. Esa casa fría y abandonada desde hace tanto. Aún recuerdas el olor a cerrado y el tacto del suelo. Vas descalzo recorriendo cada habitación y te quedas mirando un cuadro que cuelga en el dormitorio y que estás seguro que tú estás en esa pintura vieja y húmeda. Entras al cuadro y caes al pozo. No se oye nada. Pero estás casi seguro que no es un sueño. Abres los ojos y ahí están las paredes del pozo. Ahora puedo pensar, te dices.

Ushikawa te espera al volver la esquina. En cada encrucijada y en cada difícil decisión. Te espera mientras fuma muy callado en la penumbra. Puede entrar en tu casa. Puede entrar en tus sueños. Pero no puede entrar en el pozo. Tú sabes que sólo estás a salvo en el pozo pero nadie puede vivir eternamente en un pozo.

TURISTA ACCIDENTAL


“En todos los lugares te encuentro.
En todos los lugares me siento un habitante más”
Quique González

La paz huele a salitre y sabe a aguacate.
Verano y calma inoculada en el alma.
En la ciudad del viento siempre eres
un turista accidental.

El viento me recuerda que él está de paso
y que yo misma estoy de paso en la ciudad del viento,
desde la que se ve con nitidez los días claros.

Buceo y me sumerjo en mi misma.
Empiezo a entender algunas cosas
que estaban ocultas en los días turbios.

Comienzo a desaprender lo aprendido
y cultivado en campos yermos durante años.
Los caminos transitados tantas veces
que llevan a lugares inhóspitos y actitudes manidas.

Quiero ser un pájaro de tierra.
Quiero parecerme a un emú.
Cuando buceo en las profundidades
encuentro tesoros y lodo;
y el plancton brilla más las noches sin luna.

Quisiera empezar a tejer una manta
mientras espero que Ulises regrese de Ítaca.

Y sí.
Sé que volveré a tener pesadillas
en las que doy vueltas en espiral
dentro de una j-aula.
Él se irá para siempre
y su recuerdo se volverá borroso.

Y sí.
Estoy haciendo acopio de fuerzas
y armándome con corazas, espadas y escudos
para prepararme para mi gran batalla.

Y sí.
El olor a salitre se esfumará
y esto será un sueño dentro de otro sueño.

Y sí.
Aún me pellizco cuando se dibuja el mar en el horizonte…
y me  siento un turista accidental en la ciudad del viento.


sábado, 17 de marzo de 2018

A SOLAS CONTIGO


“Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte”
Julio Cortázar

A SOLAS CONTIGO
Los espejos mienten
cuando te asomas
al precipicio de ti misma.
Los espejos también dicen la verdad
cuando resbalas una décima de segundo
al otro lado de tu yo.

No quiero verter líquidos opacos
sobre mis espejos.
A veces soy la malvada madrastra
y, cuando lo soy,
siento miedo.
Otras veces soy Alicia
atravesando el espejo.

Al borde del precipicio estás tú
y debajo del acantilado hay otra tú
que se cayó en otra vida
y resucita cada día.

A veces amas, hieres
y asolas la Tundra de la vieja Rusia.
Otras veces te amas, te hieres
y cierras con 7 candados tu palacio,
olvidando que también fuiste Blancanieves.

Y  buceas en ti misma
en la soledad más absoluta
y no te desagrada tu olor.
Tu clausura te hace conocer
rincones oscuros
y sabores a canela.

Cuando los espejos mienten
y dicen la verdad
y tu casa es una atracción de feria,
entonces,
a veces,
sólo a veces,
tú te sientes a salvo dentro de ti misma.

domingo, 11 de marzo de 2018

11032018

Cuando crees que conoces todas las respuestas,
llega el Universo y te cambia todas las preguntas. 
Jorge Francisco Pinto
Maestro

LA DANZA DEL ÚLTIMO VERSO


“Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar”
Nietzsche

La danza comenzó al atardecer, cuando el último rayo de luz se precipitó al océano y las tinieblas la tomaron de la cintura. El mar estaba en calma, en esa calma que precede al tornado. El cielo se estremeció y se tiñó de sangre con la primera pirueta. El viento empezó a soplar suavemente. Ella saltaba con todas sus fuerzas y caía de nuevo dibujando en el aire un bello verso. El viento le hacía una y otra vez la misma pregunta y ella seguía danzando en silencio. Danzaba por encima de la noche y el día, danzaba con las estrellas y con la lluvia. Se lastimaba las puntas de los dedos de los pies pero no cedía en su empeño por responder la pregunta. Sabía que la respuesta la hallaría desafiando con la belleza de su danza las tinieblas que dormitaban en su interior. Caía de bruces contra el suelo y volvía a levantarse. La luna le aplaudía con cada giro y voltereta. Cuando mordía el polvo el viento rompía en una carcajada que resonaba hasta el infinito como un gemido hueco en sus oídos.

El viento ululaba “è un mondo difficile”,  las estrellas respondían “vita intensa”. Ella seguía danzando en silencio, desafiando las leyes de la gravedad y de los hombres. Trazaba una ecuación matemática con su movimiento volátil y efímero. Dibujaba piruetas en el aire, saltaba y se contorsionaba. La pregunta seguía intacta danzando en su mente como ella danzaba con el viento. La respuesta no llegaba y el Siroco jugaba con su pelo. No existía nada más que el huracán y ella. Estaban en el centro del universo. El único camino hacia la paz de su trémulo espíritu era seguir trazando piruetas y cabriolas en el aire. Era la danza de la vida con la muerte. No existía ni el tiempo ni el espacio.  Sólo esa macabra danza. Sólo la búsqueda de la respuesta.

El Dios Eolo se enfadó aún más,  asoló con su rabia el océano y la empujó de la cima al infierno susurrándole en la caída una y otra vez la misma pregunta.  Sus cabellos se enredaron y sus vestiduras terminaron de rasgarse mientras se desplomaba. Quedó desnuda  pero volvió a elevarse en el aire con sus volteretas, no cejando en su empeño por hallar la respuesta.  En la cúspide de sus fuerzas ella calculó la última pirueta, la más difícil. Saltó desafiando el Siroco que provenía del Sahara y en un breve segundo se concentró toda su vida. La luna le susurró “felicità, momento e futuro incerto”. Ella cayó en la cuenta. El universo se quedó en silencio y a Eolo no le quedó más remedio que dejar de soplar. En el tibio equilibrio que guarda la materia oscura ella dibujó en el aire la respuesta.  Cayó exhausta y convulsa sobre fino polvo de estrellas. Cansada y desnuda como vino al mundo se entregó al sueño eterno. Por fin podía descansar. Morfeo había venido para abrazarla y la macabra danza había terminado.

El último verso había terminado de dibujarse en el aire con la belleza y la sabiduría de la comunión con la naturaleza.  Las estrellas, el océano, la luna, la lluvia y hasta el mismo viento no tuvieron más opción que aplaudir.

SI SE SECASEN LAS PALABRAS


“Me da pena que se admire el valor en la batalla.
Menos mal que con los rifles no  se matan las palabras”
Extrechinato y tu

SI SE SECASEN LAS PALABRAS
Cuando las palabras se sequen
en la garganta del maestro,
¿qué nos quedará?
Ellos dicen:
-Yo no fui. La culpa es del otro, no mía.
Ellos buscan excusas,
miran fueran y no dentro.

En un mundo perfecto no me comparo con nadie
y los niños en el recreo almuerzan autocrítica.
En un mundo perfecto los maestros
podrían atrapar con las manos el aire.
En un mundo perfecto los niños
tratarían con respeto a sus maestros.
En un mundo perfecto los niños
venerarían las manos del alfarero que moldea la arcilla.

Qué sería del mundo si se callasen los maestros
y gritase la ignorancia.
Si se impusiese por la fuerza la tiranía de la oscuridad.
Qué sería del mundo
si nadie regase las flores de cactus.

Los maestros construyen con palabras
puentes hacia los niños.
Con palabras como
paciencia, paz, amor,
comprensión, empatía, asertividad.

Si se secan las palabras en la garganta del maestro
¿quién podrá salvarnos de la ignorancia?
¿quién guiará a las ovejas descarriadas?
¿quién le dará de beber al sediento de sabiduría?
Se abatirán sobre nosotros las tinieblas y la sinrazón.

Putos maestros,
gritan las paredes.
Y supura tristeza por los poros
de los hijos de un Dios menor.