miércoles, 25 de septiembre de 2013

NO TE NECESITA

Él es autosuficiente. No te necesita. Él se basta a sí mismo. No necesita tus palabras ni tus miradas ni tu sonrisa. No necesita tu compañía, tus manos, tus besos. No necesita nada de eso. Tendrás que vivir con ello. Él es autosuficiente. No es por ti. No necesita a nadie. Aprende a vivir con eso. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

UN VELERO LLAMADO LIBERTAD

Íbamos en el coche. Ella conducía. Hacía el recorrido largo para llegar, en vez del atajo. Sólo para disfrutar del viaje, para hacerlo un poco más largo. El  niño iba de copiloto, como siempre. Yo, detrás. Escuchábamos al Perales. Un velero llamado libertad. Y cantábamos todos. El niño manejaba los mandos del casette y le gustaba darle mucha voz. Yo sentía esa canción y ese momento como algo maravilloso que me era regalado. Y sentía que ese coche que surcaba la rambla reseca y pedregosa era ese velero llamado libertad. 

domingo, 18 de agosto de 2013

DRIVE

Me pone mucho ver a hombre conducir. Deportivos, utilitarios, camiones, trailers, motocicletas o autobuses. Cuanto más difícil sea de conducir más me pone. Ya sé que conducir no es gran cosa. Lo hace casi todo el mundo pero yo soy incapaz de hacerlo y me parece una proeza digna del circo del sol. 

CAMINANDO EN CÍRCULOS



"Donde iremos a parar,
calculando el vértigo de los sueños
que quedaron detenidos..."

sábado, 3 de agosto de 2013

VEINTEMIL

No puedo sonreírte, no esperes que lo haga. No puedo darte dos besos. Qué tal te va. Cuánto tiempo. Son veinte mil adversidades a lo largo de la vida y hoy tuve una alta dosis de ellas. No puedo simular que me alegre de verte. Estoy perdida muy adentro, tan adentro que no me encuentro. Discúlpame pero no puedo tener una conversación banal. Hoy la hipocresía es un traje que se me queda demasiado grande. Perdóname pero no puedo preocuparme por ti, por tus veinte mil adversidades, me estoy ahogando en las mías. Estoy buceando en un profundo y fangoso océano que está dentro de mí. No me lo tengas en cuenta. No es así todos los días. Fue la dosis de hoy que fue muy alta. Mis venas no aguantan dosis tan altas. Discúlpame una vez más. No será así mañana. Mañana te sonreiré, te daré dos besos. Qué tal te va. Cuanto tiempo. Hoy olvida que existo. Yo también quiero olvidarlo. 

sábado, 27 de julio de 2013

EL PALACIO DE CRISTAL Y LA CHOZA

Un círculo muy grande. Yo dentro. Tú fuera. Nos separa una línea invisible construida por un dios cruel y vengativo. Hay sitio de sobra dentro pero tú no cabes ni tu palacio de cristal. Se dilatan los silencios entre nosotros. Los silencios que me oprimen el pecho. Palabras las justas, ni siquiera las necesarias, las mínimas, las insuficientes. Las que dejan paso a los malentendidos. El amor incomprensible entre personas de mundos que no se tocan, que no se rozan, que no se asemejan. Tu mundo, incomprensible para mí. Mi mundo, incomprensible para ti. Tu silencio se me atraganta cuando visito tu palacio de cristal. No me interesan los escenarios sólo las personas que los pueblan. Quédate con tu palacio de cristal frío y desolado, yo prefiero mi choza llena de libros, cálida, con mi fuego y el cariño de mis amigos, llena de mis sueños. Algo te impide entrar a mi círculo, un hechizo de un dios despiadado. Tú tienes un palacio de cristal y yo una choza. A ninguno nos gusta visitarnos. A veces atisbamos un ápice de comprensión, de complicidad. Es un espejismo, sólo un espejismo muy real.

AVIONES SUPERSÓNICOS

¿A qué jugamos? Dice sonriendo mientras muestra los dos hoyuelos que se le hacen en la cara. Te voy a hacer un avión supersónico. Pero es supersónico. Llegará muy lejos. Él prepara el avión con una servilleta del bar y le dice cuando está acabado ¿estás preparado? Y el niño mira con los ojos muy abiertos. Él hace como que lanza el avión pero no lo lanza y el niño dice: no lo veo, dónde está. Todos, cómplices del juego, decimos: va por allí, ¿no lo ves? Cerca del letrero del super. No lo veo, dice algo decepcionado. Cariño, ya se ha caído. Y el niño se queda satisfecho. Engañado sin ser consciente. Qué fácil es engañar a un niño.  Hazme otro primo. Otro supersónico, como el de antes. Y yo me quedo pensando en mi misma. La inocencia de una niña. Intacta. Qué fácil ser engañada. Inocencia no sepultada entre los escombros de un pasado tenebroso, entre la piel oscurecida de las cicatrices que no cierran.  Qué bien que la piel esté suave, no encallecida por las derrotas del corazón, por lo que pasa mientras tú no estás, en tu ausencia, cuando la casa está sola y desolada y entran los ladrones por la puerta falsa. Qué bien ver aviones supersónicos  donde los demás sólo ven servilletas para limpiarse el aceite que chorrea por la barbilla.