Él es autosuficiente. No te necesita. Él se basta a sí mismo. No necesita tus palabras ni tus miradas ni tu sonrisa. No necesita tu compañía, tus manos, tus besos. No necesita nada de eso. Tendrás que vivir con ello. Él es autosuficiente. No es por ti. No necesita a nadie. Aprende a vivir con eso.
Bienvenidos a esta humilde morada. Aquí encontrareis poesía, cuentos, citas, reflexiones y pensamientos de Teresa Lao y de otros autores, interesantes para la Maga. Adelante...te estábamos esperando...
miércoles, 25 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
UN VELERO LLAMADO LIBERTAD
Íbamos en el coche. Ella
conducía. Hacía el recorrido largo para llegar, en vez del atajo. Sólo para
disfrutar del viaje, para hacerlo un poco más largo. El niño iba de copiloto, como siempre. Yo,
detrás. Escuchábamos al Perales. Un velero llamado libertad. Y cantábamos
todos. El niño manejaba los mandos del casette y le gustaba darle mucha voz. Yo
sentía esa canción y ese momento como algo maravilloso que me era regalado. Y
sentía que ese coche que surcaba la rambla reseca y pedregosa era ese velero
llamado libertad.
domingo, 18 de agosto de 2013
DRIVE
Me pone mucho ver a hombre conducir. Deportivos,
utilitarios, camiones, trailers, motocicletas o autobuses. Cuanto más difícil sea
de conducir más me pone. Ya sé que conducir no es gran cosa. Lo hace casi todo
el mundo pero yo soy incapaz de hacerlo y me parece una proeza digna del circo
del sol.
CAMINANDO EN CÍRCULOS
"Donde iremos a parar,
calculando el vértigo de los sueños
que quedaron detenidos..."
sábado, 3 de agosto de 2013
VEINTEMIL
No puedo sonreírte, no esperes
que lo haga. No puedo darte dos besos. Qué tal te va. Cuánto tiempo. Son veinte
mil adversidades a lo largo de la vida y hoy tuve una alta dosis de ellas. No
puedo simular que me alegre de verte. Estoy perdida muy adentro, tan adentro
que no me encuentro. Discúlpame pero no puedo tener una conversación banal. Hoy
la hipocresía es un traje que se me queda demasiado grande. Perdóname pero no
puedo preocuparme por ti, por tus veinte mil adversidades, me estoy ahogando en
las mías. Estoy buceando en un profundo y fangoso océano que está dentro de mí.
No me lo tengas en cuenta. No es así todos los días. Fue la dosis de hoy que
fue muy alta. Mis venas no aguantan dosis tan altas. Discúlpame una vez más. No
será así mañana. Mañana te sonreiré, te daré dos besos. Qué tal te va. Cuanto
tiempo. Hoy olvida que existo. Yo también quiero olvidarlo.
sábado, 27 de julio de 2013
EL PALACIO DE CRISTAL Y LA CHOZA
Un círculo muy grande. Yo dentro.
Tú fuera. Nos separa una línea invisible construida por un dios cruel y
vengativo. Hay sitio de sobra dentro pero tú no cabes ni tu palacio de cristal.
Se dilatan los silencios entre nosotros. Los silencios que me oprimen el pecho.
Palabras las justas, ni siquiera las necesarias, las mínimas, las
insuficientes. Las que dejan paso a los malentendidos. El amor incomprensible
entre personas de mundos que no se tocan, que no se rozan, que no se asemejan.
Tu mundo, incomprensible para mí. Mi mundo, incomprensible para ti. Tu silencio
se me atraganta cuando visito tu palacio de cristal. No me interesan los
escenarios sólo las personas que los pueblan. Quédate con tu palacio de cristal
frío y desolado, yo prefiero mi choza llena de libros, cálida, con mi fuego y
el cariño de mis amigos, llena de mis sueños. Algo te impide entrar a mi
círculo, un hechizo de un dios despiadado. Tú tienes un palacio de cristal y yo una choza. A
ninguno nos gusta visitarnos. A veces atisbamos un ápice de comprensión, de complicidad. Es un espejismo, sólo un espejismo muy real.
AVIONES SUPERSÓNICOS
¿A qué jugamos? Dice sonriendo
mientras muestra los dos hoyuelos que se le hacen en la cara. Te voy a hacer un
avión supersónico. Pero es supersónico. Llegará muy lejos. Él prepara el avión
con una servilleta del bar y le dice cuando está acabado ¿estás preparado? Y el
niño mira con los ojos muy abiertos. Él hace como que lanza el avión pero no lo
lanza y el niño dice: no lo veo, dónde está. Todos, cómplices del juego,
decimos: va por allí, ¿no lo ves? Cerca del letrero del super. No lo veo, dice
algo decepcionado. Cariño, ya se ha caído. Y el niño se queda satisfecho.
Engañado sin ser consciente. Qué fácil es engañar a un niño. Hazme otro primo. Otro supersónico, como el
de antes. Y yo me quedo pensando en mi misma. La inocencia de una niña.
Intacta. Qué fácil ser engañada. Inocencia no sepultada entre los escombros de
un pasado tenebroso, entre la piel oscurecida de las cicatrices que no cierran.
Qué bien que la piel esté suave, no
encallecida por las derrotas del corazón, por lo que pasa mientras tú no estás,
en tu ausencia, cuando la casa está sola y desolada y entran los ladrones por
la puerta falsa. Qué bien ver aviones supersónicos donde los demás sólo ven servilletas para
limpiarse el aceite que chorrea por la barbilla.