jueves, 19 de noviembre de 2020

EL NAUFRAGIO

 "Uno solo tiene aquello que no puede perder en un naufragio"

Proverbio indio

(de la charla BBVA de Francesc Miralles)

martes, 29 de septiembre de 2020

SUFICIENTE

 ¿Qué pasará?
Cuando ya no sea suficiente
la tersura de mi cuello,
la línea que separa tu calidez
de los confines del universo.

¿Qué pasará?
Cuando no te baste la punta de mi lengua
trepando por la desnudez de tu cuerpo.
Cuando ya no vaguemos
por el mundo que hay más allá de la piel.

¿Qué pasará?
Cuando la desnudez ya no nos sorprenda.
Cuando pase de largo el deseo
y te conviertas en recuerdo en ruinas.

La vida pasará sin avisar,
la miraremos a lo lejos
como el ocaso
y ya no nos vestiremos de domingo cada día y dormiremos el eterno y efímero
sueño de Morfeo.

LOS TRES CÍRCULOS DEL ÁRTICO

 Llevo mil lunas esperándolo. Estoy sentada en la arena de una playa en el Mar Báltico. Estoy dentro de tres círculos. El primer círculo es de arena y estoy dentro de él. Será una señal para él. El segundo círculo en el que estoy es la línea exacta por la que pasa el círculo polar ártico. Me costó muchas vidas encontrarlo pero ahora estoy aquí y es lo único que importa.

Ahora soy una mujer pero antes fui un animal. Creo que uno de los lobos de Laponia. Creo que él era de mi tribu. Pero ahora eso ya da igual. Lo único que hago es esperar que salga del horizonte una silueta. Y aullo de vez en cuando. Un aullido que no oye nadie porque estoy sola a 17 kilómetros a la redonda. Suelto mi aullido desgarrador como el de una loba herida por una trampa mortal de los cazadores y luego suspiro. El aullido interrumpe el sonido de las olas estrellándose contra mi alma. El aullido y el círculo se lo pondrá más fácil. Sé que no tardará mucho. Está a punto de llegar. Lo sé cuando miro la luna brillar arriba en el cielo. Esta era la luna correcta. Eso era otra señal. Él también lo sabe y le ayuda a encontrar el camino. Sé que él seguirá las pistas a ciegas. El sonido del mar me arrulla. Me da fuerzas para continuar esperando. Mis oídos escuchan el sonido sinuoso y repetitivo del mar lamiendo la arena de la playa. Me relajo e intento ser paciente. Todo lo paciente que puedo.

Sé que llegará desnudo como un animal y con el alma rota. Él también es un lobo herido. O lo fue en nuestra vida pasada. Era de mi manada y sé que él también me está buscando. La playa está desierta y no sé si hasta aquí ha llegado algún humano. Está muy cambiada desde que estuve aquí con mi manada. Yo también estoy desnuda como una loba. Esperando que lleguen las señales al cosmos que todo lo puede.

Del tercer círculo me cuesta hablar. Ese círculo ha estado en mi vida como un hechizo  desde hace 23 años. Cometí un error y tuve que pagarlo todo ese tiempo. Nada queda impune. Todo se paga en esta vida. La rueda del karma no detiene su paso. Nunca olvida. Por eso llevo mil lunas esperando a mi lobo. Mil lunas y 23 años. Puedo esperar unos minutos más, sin duda. Esta noche se paraba la rueda a la altura del círculo polar ártico. Se deshacía el conjuro. El día señalado era hoy para que se abriera por fin el círculo del maleficio. Estoy esperando que él cruce el círculo que he dibujado en la arena. Se ponga en frente de mí sin decir una palabra. Yo me levantaré muy despacio y nos quedaremos mirando unos minutos eternos para poder reconocernos. Esta es nuestra última vida. Ya hemos pagado todas las deudas los dos y hemos recorrido la rueda de la vida. Esta es mi última vida y quiero pasarla con él.Se acercará despacio al círculo y lo cruzará. Se apartará el pelo de la cara. Llevará barba y me ofrecerá la mano después de mirarnos fijamente durante minutos. Deshará el estúpido conjuro que me ha tenido atrapada en mi cuerpo de loba herida durante 23 años.

Me fijo en el cielo y me sorprenden unas luces de colores como ráfagas que cruzan el firmamento. Es la preciosa aurora boreal. Aullo con fuerza de nuevo. Es el momento. Está escrito. Me ha parecido ver una sombra saliendo del mar. 

-Ya hemos cruzado los tres círculos de la vida. Nos espera la eternidad, amor. - susurro con una voz apenas audible.

AL VENCEJILLO BEBÉ

 Eras un pájaro. Tenías alas. Eso ya era suficiente para amarte. Te caíste del nido porque eras muy curioso y querías ver lo que te ofrecía el mundo antes de saber volar. Pisaste en falso, vencejillo. Como todos a veces. Como los tontos humanos. Quisimos salvarte pero tu destino estaba ya escrito por una mano todopoderosa más grande que las nuestras. Me pregunto si hay un cielo para los pájaros. Un cielo amplio y muy azul como el que tú hubieras surcado pero otro cielo. ¿Los que viven en el cielo van al cielo cuando mueren? El cielo te protegerá para siempre. Con tus patitas y tus uñitas recién estrenadas. Con tu plumaje aún tierno.

Alza el vuelo vencejillo. Ahora puedes. Ahora eres libre por fin de la vulnerabilidad de los que están vivos. San Pedro te abre las puertas a la eternidad. Seguro que vuelas a la derecha de Jesús. Nosotros algún día volaremos también contigo. Hasta ese día contemplar el cielo cubierto de pajarillos libres como tú será un placer. Estoy segura que en la Tierra hay un vencejo menos y en el cielo una estrella más.

Hasta luego vencejillo. Buen viaje.

AMANECER EN LOS TEJADOS DE OHANES

 No soy nada.
No puedo querer ser nada.
Nunca seré nada.
Aparte de eso tengo en mí todos los sueños del mundo.
Fernando Pessoa

AMANECER EN LOS TEJADOS DE OHANES

Me da miedo que se abalance sobre mí la madrugada cuando lo entregue todo.
Me da miedo despertar desnuda y no tener un cuerpo al que abrazarme.
La luz de las velas se refleja en sus ojos y sus pupilas brillan.
Me da miedo que se agazape la noche y me pille temblando de frío.
Me da miedo que todo el mundo duerma y yo esté despierta.

Me dispara el amanecer sus balas de fogueo y el impacto da de lleno en mi trémulo corazón.
Se me parte el alma en dos cuando amanece sobre los tejados de ohanes.
Me hiere la fina línea que separa
el frio del calor,
la noche del día,
el temblor de la caricia,
las raíces de los besos.

Me da miedo
empezar de cero,
volver a fracasar,
pasar de largo,
encontrar todos los semáforos en rojo.

ENSALADA DE AMOR

 2 huevos duros,
7 besos antes de cenar,
trocitos de queso,
la tersura de tu cuello,
un cogollo de lechuga,
tu piel tibia,
unos granos de maíz,
tus manos en mi cintura,
dos tomates negros,
tus ojos al punto de sal,
una cucharadita de sésamo,
tus labios sensuales pidiendo los míos,
un chorreón de aceite de los olivos de mi padre,
cuarenta millones de orgasmos después de cenar.

SAD EYES

 Tenia los ojos más tristes del mundo. Cuando me miraba sabía que había dejado mucho atrás, que su pasado le perseguía. Nunca le pregunté nada ni me atreví a buscar respuestas en su cartera. Me miraba y sentía que el mundo se hundía bajo mis pies. Cuando hacíamos el amor lo miraba a la cara y me entraban ganas de llorar. Mi empatía con aquellos ojos verde marihuana hacia agua mi alma y me rompía en pedazos. Él siempre me desnudaba muy muy despacio y tenía la piel fina y suave como el papel de fumar. Su ternura se derramaba sobre mis labios, me desarmaba y me hacía resbalar sobre su cuerpo en las madrugadas infinitas. Sus besos sabían a fruta silvestre madurada al sol. Su pelo lacio y abundante se enredaba entre las sábanas y yo lo peinaba con mis dedos. Cuando le daba el sol tenía mechones rubios o canosos según le diesen los rayos de sol. 

No le gustaba salir de casa. Nunca fuimos juntos a ningún bar. Creo que temía que nos encontrásemos a alguien que formase parte de su oscuro pasado. Ese pasado turbulento que guardaba celosamente en las diminutas vetas y partículas de sus inmensos ojos verde marihuana. Él contenía en su mirada todas las preguntas. A mí no me importaba no tener las respuestas. La incertidumbre era mi patria.

Tenía los ojos más tristes del mundo. Me dolía su mirada. Supe que algún día partiría, que era nómada de un desierto que yo desconocía. No quise retenerlo. Me desperté desnuda y no estaba en la cama. Me quedé flotando en la superficie de la luna. Sin gravedad. Sin oxígeno. Busqué una pista o una nota. Había dejado en la mesita de noche tres cigarros y un cogollo de marihuana. Supe que no volvería. Supongo que sus heridas eran muy profundas para una piel tan fina y suave. Tenía metralla en el corazón. El mundo era demasiado despiadado para una piel transparente y frágil como el cristal de bohemia. Creí que podía salvarlo. Creí que el universo estaba de nuestra parte pero los desiertos del alma y la metralla del corazón pueden arrancar la hierba que crece bajo mis pies.

Aún sueño que lo miro fijamente a la cara cuando hacemos el amor y le acaricio su piel tersa y cálida como el terciopelo. Me despierto con lágrimas en los ojos, el corazón latiendo fuerte y sus tristes ojos verde marihuana congelados en mi retina.