lunes, 27 de agosto de 2012

SAN JOSÉ



La belleza salvaje, las playas paradisiacas, la comunión entre la naturaleza y el ser humano, la paz, los animales salvajes, los paseos en bicicleta por esos paisajes de ensueño, las cenas románticas en el italiano, las tostadas de aceite y tomate a las dos de la tarde, bañarte en el agua trasparente y con la playa casi vacía, meterme y meterte en el mar y que nunca te cubra. Hacer el muerto y escuchar el sonido de un palo de agua. No he conocido en verano un sitio con ese encanto.