viernes, 11 de diciembre de 2015

PROEZAS



Decía Hermann Hesse que hay cosas que todos hacen y yo soy incapaz de hacer pero que también hay cosas que sólo yo puedo hacer y nadie más es capaz de hacer. Del premio Nobel alemán me acuerdo cuando voy en un coche y todo va tan rodado, tan semáforos en verde, deslizándote como por un tobogán, cogiendo las curvas sin moverse un pelo de mi flequillo, tomando las rotondas con la fuerza centrífuga que nos quiere lanzar hacia fuera manteniendo la inercia, calculando la distancia con el de delante, pasando a veinte centímetros del de atrás.

Siempre, siempre tengo la misma sensación: que el conductor es un equilibrista del circo de sol, que hace unas proezas con sus manos y pies para mí inimaginables ni de lejos, que maneja otros sentidos de los que yo carezco, que sus cualidades son vedadas para mí, que es un superhéroe de la Marvel, que, cómo no, tiene super poderes y que yo solamente soy una vulgar mortal sin poderes, con los sentidos atrofiados y que la luna que miro en el cielo ,mientras tomamos la curva, saldrá sin mi permiso.

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