sábado, 10 de febrero de 2018

EL HOMBRE MÁS VIEJO DEL MUNDO


“Tengo muy pocos años…
desde hace mucho tiempo”
Najwa Nimri. Haití

El HOMBRE MÁS VIEJO DEL MUNDO
La primera vez que le pregunté la edad me dijo que tenía 160 años. “Dime que crea antiarrugas usas” Luego me fui acostumbrando a ese humor entre negro, cínico y surrealista. Con el tiempo eso fue lo que más eché de menos. Nuestra complicidad con bromas que eran sólo nuestras.

Me decía cosas que me aniquilaban por dentro. “Sólo eres una niña”. “¿Eso es malo o bueno?”. “Eso es un arma de doble filo”. Lo que más me abrumaba de él era como me sostenía la mirada. Me miraba profundamente con sus dos hermosos ojos negros que eran como dos agujeros de gusano donde el tiempo se contenía. “Puedo ver el color de tu alma sólo con mirarte”. “¿Y qué ves?” “Azul índigo. El color de los océanos”. Me decía con su leve acento italiano.

A veces me daban miedo sus poderes. Sí. Sus poderes. Poderes sobrenaturales. Sus manos estaban siempre heladas. “Estás muerto”. Le decía yo. “Sólo he vivido más vidas que tú. El frío me mantiene vivo por más tiempo. Mientras tú cumples un año yo cumplo tres” “Y, ¿Cuántos años puedes vivir? ¿eres inmortal?”. “Para ti sí que lo seré”.

Yo era muy niña entonces y no podía entender todo lo que me decía. “¿Por qué?”. Le decía yo. “Es inevitable dejar cadáveres. Yo he dejado muchos. He vivido demasiado”. Pero yo no me quedaba contenta con la respuesta y volvía a preguntar. “¿Por qué?”. Y él decía de inmediato. “¿Y por qué no?”. Y daba por zanjada la conversación.

A pesar de sus sempiternas manos frías cuando lo abrazaba desprendía un intenso calor. Su cuerpo era como un horno de leña que irradiaba calidez. Un día estábamos hablando, se paró en seco, me miró a los ojos de aquella manera y me dijo. “Puedo saber qué piensas sólo con mirarte a los ojos”. Yo me quedé turbada.

Una tarde que llovía a mares me cogió la mano suavemente y dijo “¿Quieres que te lea la mano?”. Yo la retiré bruscamente. “Estoy preparada para lo que venga. Mi futuro lo escribo yo”. Dije con fingida soberbia.

Nunca más volví a saber del hombre con más de 160 años. Si no me fallan los cálculos ahora debe tener 187 años aunque sólo hace 9 que no lo veo. Algunas veces me lo encuentro en sueños  y me dice con su leve acento italiano: “Ay, niña, tus ojos se han aclarado  y tu alma ahora es de un azul más oscuro”

No hay comentarios: