jueves, 9 de junio de 2016

LA DISTANCIA

Todo depende del color con el cristal con que se mire y de la distancia que diste del cristal, creo yo, que eso también cuenta. Por razones obvias no es lo mismo tener a tu enemigo a dos palmos, empuñando una afilada navaja, que tenerlo a 3000 km. La distancia real, en metros o kilómetros, al núcleo del problema importa. La distancia importa. El tamaño del problema no tanto, dependiendo si lo vemos en el horizonte lejano o si incluso podemos oler su herrumbre. Todo el mundo debería tener dos casas (alejadas una de la otra lo suficiente) o la posibilidad de coger un bus, un tren o un avión para poner distancia en eso que nos trae de cabeza. La belleza del horizonte está en su lejanía inasible, en su distante infinitud que no podemos alcanzar.
Si te atenaza algo la cabeza con insistencia y estás inmerso en una espiral de pensamientos de la que no puedes escapar, lo mejor que puedes hacer es alejarte de su núcleo de acción. No es lo mismo estar en el ojo del huracán que viéndolo por las noticias cómodamente desde tu sillón. No es lo mismo estar en el epicentro del terremoto que sentir apenas una sacudida en tu cama, que ni siquiera te despierta.
El viaje es un modo de epifanía, de descubrimiento asombroso, de revelación de lo que nos queda oculto. Todos padecemos antes de llegar a la vejez de esa precoz presbicia que hace que nuestros ojos no vean bien si no se alejan lo suficiente de lo que observan. Lo que tenemos en nuestras narices nos hastía, nos hartan sus formas precisas que terminan por desdibujarse.
Aléjate, aléjate de la escena del crimen, pon distancia entre tú y el escenario donde se desarrolla la función de tu vida. Colócate entre los espectadores y observa desde fuera. Pon distancia entre tú y tus pensamientos, entre tú y las personas que te rodean. Encuéntrate lejos y vuelve para el reencuentro. Echar de menos es la única manera de valorar lo que tenemos. Vuelve como el hijo pródigo. Pero una y otra vez. Repite el proceso hasta la saciedad.
Tu otro yo acecha a la vuelta esperando tu regreso a Ítaca.

No hay comentarios: