sábado, 25 de marzo de 2017

MISERICORDIA MUTUA

Gracias al maldito escalón y a mi aciaga tristeza pudieron encontrarse nuestras miradas. No es agradable  que un desconocido vea como te derrumbas, te deshaces  en lágrimas y acto seguido tropiezas con un escalón oculto para la tristeza. Él se quedó mudo y no se movió ni un ápice de su sitio. Él esperaba una moneda de algún misericordioso transeúnte. Luego nos reconocimos en otra escena. Él reconoció mi sempiterna tristeza y yo sus monedas de la caridad ajena. Nos sostuvimos la mirada unos segundos pero no acertamos a cruzar una mísera palabra. 

No hay comentarios: