domingo, 6 de septiembre de 2015

DIÁLOGO MAYEÚTICO



Sócrates fue un visionario. Y como todos los visionarios fue asesinado por revolucionario. Como Lorca, como Martin Luther King, como Jesús, como Ghandi, como Lennon y no se acabaría la lista. Bueno, fue un asesinato-suicidio voluntario, que hizo que haya llegado hasta nuestros días una palabra que de otra forma habría quedado enterrada y olvidada, la “cicuta”, uno de los venenos más famosos de la historia gracias a Sócrates. Me fascina el personaje y sus amplios paralelismos con Jesucristo. Y siempre que tengo ocasión lo saco a colación en las conversaciones a ver si aprendo algo más de su fascinante figura.

Sócrates le dio nombre a un diálogo que fue bautizado como mayeútico. Huelga decir que no tiene nada que ver con los diálogos de las tertulias de Tele 5, la sexta o Intereconomía. Un diálogo que consiste en buscar la verdad que todos tenemos dentro, pensamientos que nacen de nuestra propia ética, que no vienen impuestos desde fuera. Como un parto, pero de ideas. Al igual que su madre, que era matrona, Sócrates ayudaba, en la Atenas antigua, a todo el que quisiera dialogar con él, a dar a luz  sus propias conclusiones acerca de cualquier tema o problema.  Esto era, a escuchar lo que él designó como “Daimon”, la voz interna que todos tenemos,  nuestra conciencia más propiamente dicho. Cuando uno escuchaba esa voz, clara y contundente, un estado de bienestar personal le embriagaba.

Estoy convencida del todo que este hombre tenía más razón que un santo en sus postulados. Y creo, a pie juntillas, que está totalmente vigente hoy, más de 2400 años después. Me declaro abiertamente y, sin dudas, socrática hasta la médula. Estoy empezando a pensar que Sócrates fue el precursor del Anarquismo. Pero claro, algunos pensarán: es una locura que todos actuemos según nuestra propia ética porque si en tu ética está prenderle fuego a mi casa, algo está fallando. No creo que en la verdadera ética de nadie esté eso. Yo hago preguntas y presento planteamientos y dudas, no doy respuestas porque no las tengo, que cada uno saque sus propias conclusiones. Por lo que a mí respecta, cada solución a una pregunta trae más preguntas que salen de su agujero y se reproducen como las cucarachas.

Pues sí, Sócrates bebió la cicuta y fue fiel a sus propios preceptos hasta pagar con la muerte por ello. Fue acusado de alborotador de las masas (al igual que Jesús) pero lo cierto era que dejaba en evidencia a los que manejaban el cotarro de la época y a los que no les interesaba que la masa empezara a pensar por ellos mismos porque el circo se venía abajo y con él, sus privilegios. ¿Os suena de algo?

Sócrates, en su humilde talante, dejó para la posteridad dos perlas que me parecen el culmen de la sabiduría: “Sólo sé que no sé nada” y “Conócete a ti mismo”. Ahí la llevas.

Que no falten los diálogos mayeúticos con los amigos, las invitaciones a reflexionar, los cambios de punto de vista, las piruetas para llegar a los mismos sitios, las encrucijadas, los caminos desandados, los atajos, las vacilaciones, las dudas, la marea y las olas, conocerse a uno mismo, saberse una mota en el universo de la sabiduría, los manantiales de los que brotan nuevas ideas.

Que nunca traicionemos nuestro “Daimon”, el venero que nos guía en las noches sin estrellas. Que la cicuta nos mate un poco cada día un pensamiento estancado para que otro renazca, libre y renovado.

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