sábado, 15 de septiembre de 2018

EL SILENCIO DE DIOS

Los días que está nublado, cuando paseo por la calle, miro el cielo y se me antoja que se me a caer encima. Las nubes son  todopoderosas como Dios. Parece que Dios se esconde tras ellas y quiere decir algo pero se queda callado y es un silencio incómodo. Se puede cortar la tensión con un cuchillo de porcelana los días grises. Quizá sea porque Dios nos amenaza con una tormenta. Y la lluvia es su manera de hablar. Pero si Dios está callado y no llega la tormenta se hace imposible interpretar su silencio.


Los días nublados y amenazantes cojo por la vereda de las acacias y allí se recorta el cielo entre los árboles. Es tranquilizadora esa imagen. Luego subo las escaleras y me dirijo a la plaza de la Concordia. Esa plaza dura y seca. Sin árboles y, la mayoría de las veces, sin gente. Ese espacio amplio y diáfano salpicado de farolas y bancos me deja muda como el cielo. Allí miro las nubes y es espectacular. Me quedo pasmada. Surcan el cielo algunos pájaros pero no sabría decirte de qué especie. Me gustaría preguntárselo al hombre que le da cuerda al mundo pero él aparece siempre cuando menos me lo espero. Nunca puedo llamarlo cuando tengo una pregunta que sé que él me resolvería en un abrir y cerrar de ojos. Quizá sea mejor así. Que aparezca de improviso y todo sea una fiesta.

También arremete contra mí esos días un dolor agudo en el tobillo izquierdo. Desde que tuve el accidente no deja de dolerme en estos días turbios. El dolor también es silencio mudo. Dios me castiga con sus nubes negras, su silencio ensordecedor y el suplicio de arrastrarme cojeando por la plaza de la Concordia. En mi tobillo se entrelazan en una amalgama los hierros, el titanio y el aluminio junto con los tendones y músculos. Menos mal que los pájaros sobrevuelan por encima de mi cabeza y ellos no son mudos.

Hoy hace uno de esos días tan inquietante en la ciudad del viento y amenaza tormentas toda la semana. Podrán soportar mis hombros todo el peso del cielo, me pregunto. Podrá soportar mi mente todo ese silencio de un Dios tan cobarde. Trato de tranquilizar todo este desasosiego escuchando a Bach. Empieza a chispear. Se esfuma poco a poco con las primeras gotas el silencio de Dios.

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