martes, 29 de septiembre de 2020

AL VENCEJILLO BEBÉ

 Eras un pájaro. Tenías alas. Eso ya era suficiente para amarte. Te caíste del nido porque eras muy curioso y querías ver lo que te ofrecía el mundo antes de saber volar. Pisaste en falso, vencejillo. Como todos a veces. Como los tontos humanos. Quisimos salvarte pero tu destino estaba ya escrito por una mano todopoderosa más grande que las nuestras. Me pregunto si hay un cielo para los pájaros. Un cielo amplio y muy azul como el que tú hubieras surcado pero otro cielo. ¿Los que viven en el cielo van al cielo cuando mueren? El cielo te protegerá para siempre. Con tus patitas y tus uñitas recién estrenadas. Con tu plumaje aún tierno.

Alza el vuelo vencejillo. Ahora puedes. Ahora eres libre por fin de la vulnerabilidad de los que están vivos. San Pedro te abre las puertas a la eternidad. Seguro que vuelas a la derecha de Jesús. Nosotros algún día volaremos también contigo. Hasta ese día contemplar el cielo cubierto de pajarillos libres como tú será un placer. Estoy segura que en la Tierra hay un vencejo menos y en el cielo una estrella más.

Hasta luego vencejillo. Buen viaje.

No hay comentarios: