sábado, 21 de enero de 2017

UN HOMBRE SOLO

Un hombre solo. Un hombre herido por la bala del arma de una mujer. Un hombre herido no se recompone fácilmente. Hacen falta cien sacos de sal, trescientas botellas de whisky y más de quinientas noches. A un hombre le duele más, infinitamente más que a ti. Tú solías pensar que te dolió mucho pero a él lo dejaron caer desde el pico más alto de la Tierra a las afiladas rocas. Los punzantes riscos le destrozaron el cuerpo, le magullaron los tobillos, le sacaron las entrañas, del corazón sólo quedaron jirones, del alma un puñado de polvorienta tierra seca.


Tú pensabas que a ti te dolió pero no estuviste allí dentro, oliendo el hedor a carne quemada. A ti no te dejaron caer desde el pico más alto, allí donde no llegan ni las águilas. Tú crees que has sufrido pero no sabes los whiskys que él derramó sobre una herida abierta en canal. Creo que tú aún no lo sabes pero él es la persona más sensible del mundo y la quería de verdad. Vaya si la quería. Si lo miraras a los ojos más de tres segundos seguidos averiguarías, sin que nadie te lo contase, el dolor atesorado en cajones oscuros, la sacudida de las pesadillas en mitad de la noche y la fiebre galopando por sus sienes. 

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