domingo, 4 de diciembre de 2016

DÍA 3

Dos cafés con leche. Uno detrás del otro. Eso era todo lo que había en mi estómago hasta las 5 de la tarde. Recuerdo que era día 3. Esos días en que todo está de mi parte o a la contra. Sin término medio. Quizá todo lo que pasaba eran profecías autocumplidas de lo que yo escribía. Recuerdo el mar y Eva Amaral cantando “Déjame vivir a mi manera”.

Recuerdo que era día 3 y que metí las lentejas en el microondas a las 4 de la tarde. Recuerdo que lo intenté y que, cuando ya no pude hacer nada más, me metí en la cama para que Eva Amaral me cantase “Déjame vivir a mi manera”. Recuerdo los ruidos que llegaban a la cama por la puerta abierta del dormitorio y las lentejas olvidadas dentro del  microondas.

Recuerdo que era día 3, que Eva Amaral cantaba “Déjame vivir a mi manera”, que se me olvidaron las lentejas en el microondas y que la cama era mi refugio.


Ya no recuerdo nada más. 

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