jueves, 11 de julio de 2013

MIS AURICULARES

El día que se me rompieron los auriculares comprendí todo de golpe. No es algo baladí. Para mí los auriculares son como la comida, el agua o el aire que respiro, los necesito para sobrevivir. Me los compro muy caros y con garantía para que me duren porque antes no me duraban nada. Siempre pienso que me van a durar mucho, que estos sí, que son los definitivos. Pero hoy se me han roto. Sólo se escucha uno. Medio auricular. Hoy, un día cualquiera. Nunca me lo espero. Me viene de sopetón. Amo mis auriculares. Me proporcionan mucha felicidad. No puedo vivir sin música. El día que se me rompieron los auriculares me di cuenta que no se puede hacer nada, que todo está abocado a romperse tarde o temprano, que es irremediable, que es una asquerosa ley de la vida. El día que  se me rompieron los auriculares supe de pronto que te había perdido o, lo que es lo mismo, que nunca te tuve, que fue mi empeño lo único que mantuvo en pie esto. Tu eres el medio auricular y yo el otro medio. La mitad ha dejado de funcionar.  Irremediablemente. Para siempre. Un día funcionaron los dos y pensé que iban a durarme. Pero hoy sólo se escucha uno. 

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