viernes, 4 de enero de 2008

BEBÉ PERPLEJO


BEBÉ PERPLEJO

Cuando nací me regalaron
un sombrero y unas muletas nuevas.
Aprendí a no caerme
sosteniéndome en puras ortopedias.

Hoy toparme con el suelo
ya no me produce miedo.
He abandonado los sucedáneos de realidad
y los pavimentos acolchados.
El sombrero me protegió del sol
pero tampoco me permitió sentir su calor,
sólo me proporcionó
un escondite del mundo,
una nimia coraza,
un rincón seguro para un corazón cobarde.

Hoy arrastro mis pies,
sin muletas ni sombrero,
por un duro pavimento,
áspero asfalto de mediocridad.
De vez en cuando alguien
intenta dispararme por la espalda,
pero yo también voy armada,
aunque casi nunca tire a dar,
porque me producen una pena extraña
los que empuñan un arma.

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